Hay un lugar donde el hombre se siente seguro, en el útero, en este, esta alejado de todo contacto externo y conectado a sus necesidades básicas, puede cerrar sus ojos, puede descansar sus oídos, el tacto es un placer, y en esa calidez embriagante se siente cómodo, la mente en ese estado primario no alberga pensamientos del futuro
, esta en blanco, o se podría decir serena.
Al salir de este, la luz irrumpe como una navaja que corta por fin los lazos de la comodidad, se aspira por primera vez el aire, la piel entra en contacto con otras dimensiones, el llanto asociado a la impresión de haber entrado en un lugar totalmente desconocido, y ahí esta el primer síntoma de la ansiedad, solo se esta tranquilo hasta que se toca el pecho materno, el lugar donde se origina esta historia, entonces el cordón umbilical antes roto es reemplazado por el contacto humano.
La irrupción brutal y violenta del parto y el desarrollo de la independencia del ser humano deja visos de no ser superada, hasta que llega el día del destete, cuando el contacto humano directo se rompe, la angustia es entonces la energía que corre por las venas, que impulsa a proseguir, a aferrarse a lo siguiente, a buscar metas, a encontrar el contacto perdido, a construir la burbuja cálida de donde se viene, se crea entonces el misticismo, lo mágico, presente en la imaginación, el cerebro evocando el útero una y otra vez, volviendo a su sitio de confort, reconstruyendo con cada uno de los sentidos despiertos la irrealidad.
Nace un Dios, o es insertado, ese ser eterno e infalible es la madre, es la matriz, el origen desconocido, la inconsciencia, la perfección, el olvido, aquello que despeja toda duda, porque no admite ninguna pregunta, y las responde a todas de forma ligera y sin método, el ser supremo es recuerdo de una madre, misterio de un padre a quien se busca en las pulsaciones, en el torrente sanguíneo, entonces el hombre asegura conocerlo, ser a imagen y semejanza de el, porque no lo conoce, nunca lo ha visto, no es a Dios a quien busca, es volver al útero lo que el quiere.
Construye la iglesia, el templo, la congregación, el culto, la denominación, el grupo, la hermandad, y ahi proyecta su angustia, en ese lugar quiere liberarse de el peso de su existencia, pero tiene que crecer, cortar el cordón, mirar el dolor del desapego como el suceso que le abre el camino a la realidad, un hombre que logra avanzar un paso a la vez sobre este camino, es libre, ya no es un ser dependiente, pero la inmensa mayoría queda rezagada al origen, huyendo de la muerte, como si fuera inevitable, esa que se manifiesta en las noches, en la oscuridad, ramificándose cada día en espacios mas y mas grandes que parecen imposibles de ser recorridos, la madre que vuelve a su pecho y aferra los labios de su bebe a la teta, mientras este envejece sin vivir, creciendo maltrecho, como una mariposa con las alas quemadas.
II
¿Es tan necesario ese edificio de torre alta donde se alzan signos misteriosos? que el símbolo comunica al hombre con lo inexplicable, con la ausencia de pensamiento, con lo inconsciente, la nada, como si el grano de arena fuera arrastrado por el agua, la materia que se transforma en energía, y cambia constantemente, las formas que toman no son mas que un paso transitorio, nada a lo que aferrarse y decir "esto es mio" "ahí esta mi Dios", a eso llaman ellos, algunos lo llaman energía, otros dicen que el es todo, Dios no existe, la nada esta ahi, el tiempo y el espacio son construcciones mentales, como lo son las palabras, nada diferencia en realidad a un hombre de un animal, nada lo hace superior, atrevido seria decir, pero se dice aquí en estas letras, que el hombre esta en seria desventaja aun frente al resto de sus convivientes.
Aquel hombre que aprendió a desatar nudos con la irrealidad, puede anhelar volver, pero al tocarla de nuevo, sabe que no pertenece ahí, que no es su lugar, a eso le llamamos etapa, le desagrada, le repulse, le es contradictorio, es ahora, un ente, un movimiento en el universo, por cuanto dure, es el algoritmo que mueve solo una pequeña parte de la masa, pero que no cambia en absoluto la ecuación, ahí están todos, ahí estoy yo, nada en realidad cambia, nada vuelve a ser lo mismo, nada fue como se pensaba que era.
